La Soledad de la Maternidad

02 marzo 2026 / By Viri Lara

El otro día fuimos en familia a la plaza, y en dos ocasiones nos topamos con la misma pareja, unos papás primerizos que llevaban a su bebito de máximo 3 semanas.

Mi esposo y yo no es que seamos expertos, pero ya vamos en el segundo hijo (y ahí nos vamos a quedar, sé que me estás leyendo), y medio ya le agarramos la onda a esto de la crianza.

Tenemos una preciosa niña de 3 años y un latoso bebé de 1 año.

Yo iba cargando a mi hijo cuando nos topamos a esa pareja por primera vez; y siendo sincera, ella se veía frita y él un poco, solo un poco, más fresco que ella.

Lo primero que pensé fue que seguro yo me veía peor a las tres semanas del nacimiento de cualquiera de mis hijos, porque yo quedé con una panza post parto que parecía que seguía embarazada. Ella veía com mi bebé quería robarle comida a su hermana en el cochecito doble.

Ella y yo encontramos nuestras miradas, nos sonreímos tímidamente y seguimos con nuestros caminos.

La segunda vez que nos encontramos yo había dejado libre a mi bebé, que gateara en plena tienda de ropa, ¿qué más dá? La mugre es temporal, la coordinación y el aprendizaje de los límites de su cuerpo es permanente.

Y ella fue la que se acercó a mí en esta ocasión, yo estaba persiguiendo a mi bebé diciéndole que se tenía que mantener cerca de mí y él atacado de la risa huía de mi.

Me dijo que qué bonito convivía con mi bebé y me preguntó cuántos meses tenía. Yo capté su verdadera pregunta enseguida, le dije que mi hijo tenía un año y que estuviera tranquila, el primer trimestre del bebé nadie lo disfruta, es una reverenda golpiza a los papás y sobre todo a la mamá, y que por ahí de los cuatro meses su bebé iba a ser tan disfrutable como ella veía al mío.

Casi se pone a llorar, “creí que era solo yo” me dijo. Y ése es el problema, estamos solas, aunque tu pareja te apoye incondicionalmente, él sube y baja hormonal, el juicio social y el agotamiento inherente a cuidar a un bebé nos aísla de un modo muy profundo, aunque estemos rodeadas de una red de apoyo sólida.

Le sonreí y le dije que no, que no estaba sola, que no era la única, que solo tenía que aguantar y en unos meses se estaría “peleando” con su bebé así como yo con el mío. También me sonrío y se fue con su esposo que la estaba esperando a unos metros.

Los primeros tres meses de mi niña fueron un calvario, más para mi esposo que para mi, pero es que yo ya estaba curtida, después de ayudar a criar a mi hermano muy menor (le llevo 16 años), cuidar a mis abuelitas (si, las dos), cuidar a mi mamá con cáncer terminal yo sospechaba de qué tamaño iba a estar el golpe.

Aunque eso no significó que saliera mucho mejor parada del “cuarto trimestre” de nuestra niña. Tuve dudas y sin una mamá o abuelita a la que consultar recurrí a mis mejores amigos de toda la vida: los libros.

Mi biblia en este proceso fue Comer, Amar, Mamar del pediatra español Carlos González. Lo recomiendo profundamente, aún hoy en día vuelvo a leer algunas partes, no porque me dan paz.

Paz de que aunque nadie entienda lo que estoy haciendo con la crianza de mis hijos, sé que no estoy sola en esto y qué no estoy loca y que sé lo que estoy haciendo.

¿Qué aprendí de ese libro?

Que la maternidad occidental actual es solitaria, tiene sobre expectativas, y que nadie debería criar a sus hijos sola.

Que la lactancia es una carrera de resistencia, que no está en tus genes, pero sí en los de tu bebé, y que su único chiste es no dejarla.

Que los niños que “no comen” son imaginarios, que los niños “malcriados” son los menos, que los berrinches los causas tú como adulto, que el BLW no es el hilo negro recién descubierto.

Y, tal vez lo más importante, que a la hora de criar a tus hijos la que sabe mejor que nadie lo que se tiene que hacer eres tú, su madre, no por un vínculo ancestral, si no por la simple convivencia diaria y porque nadie los ama más que tú, bueno, tal vez su padre.

Este libro me dio la confianza en mí misma, en mis ideas, en mi propio criterio y me ayudó a dejar de buscar aprobación donde solo había prejuicios o peor, en redes sociales, que Dios me perdone, pero están llenas de consejos mágicos que solo sirven una vez o que simplemente no aplican en tu contexto.

A lo largo y ancho de este blog voy a desmenuzar muchas de estas enseñanzas, puedes dar clic en los links integrados o buscarlos en los posts.

Espero te dé perspectiva y o que al menos te sirvan en tu contexto o aún mejor que te den confianza en ti misma de que estás haciendo bien, porque insisto no estás sola, estamos juntas en esto. 😉

Abur.

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